Vida fraterna Lo primero para lo que estamos congregadas es para vivir unánimes en casa teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios. Y esta unidad alcanza su plenitud más allá de los límites del Monasterio, en comunión con la orden y con toda la Iglesia. Nuestra vida enraizada en el amor de Dios debe ser testimonio de reconciliación universal en Cristo. Toda auténtica comunidad cristiana, es en sí misma una realidad teologal, de ahí que la comunidad religiosa es ante todo un misterio, que ha de ser contemplado y acogido con un corazón lleno de reconocimiento y con una limpia mirada de fe. La comunión es un don ofrecido, que exige al mismo tiempo una respuesta, un paciente entrenamiento y una lucha para superar la simple espontaneidad y la volubilidad de los deseos. El ideal comunitario implica necesariamente la conversión de toda actitud que obstaculice la comunión. La comunión nace precisamente de la comunicación de los bienes del Espíritu, una comunicación de la fe y en la fe, donde el vínculo de la fraternidad se hace tanto más fuerte cuanto más central y vital es lo que se pone en común

     Además de los dos recreos del día, al mediodía y a la noche, en los cuales de manera informal vivimos la fraternidad, la comunidad periódicamente realiza otras reuniones, llamadas “capítulos” en las que de manera espontánea pero más formal se trata todo lo referente a la vida de la misma.

Ellos son:

 

•Capítulo de culpa: donde revisamos la vida concreta de cada día en la que podemos crecer en el amor, entrega y servicio.

• Capítulo de temas puntuales: donde se resuelven problemas o se toman decisiones que implican a toda la comunidad.

• Capítulo de formación: donde nos reunimos para compartir temas de estudio y formación que hacen a nuestra vida.

 

    También una vez a la semana la comunidad se reúne para reflexionar sobre la Palabra de Dios celebrada, compartiendo la lectio divina.

MONJAS DOMINICAS

Monasterio "La Inmaculada del Valle" -Monjas Dominicas- Bartolomé de Castro 890  (Camino viejo a Dique Jumeal) 4700 - Catamarca - Argentina caminamosencristo@gmail.com  Celular: 0054 9 383 440-3251

Vida fraterna Lo primero para lo que estamos congregadas es para vivir unánimes en casa teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios. Y esta unidad alcanza su plenitud más allá de los límites del Monasterio, en comunión con la orden y con toda la Iglesia. Nuestra vida enraizada en el amor de Dios debe ser testimonio de reconciliación universal en Cristo. Toda auténtica comunidad cristiana, es en sí misma una realidad teologal, de ahí que la comunidad religiosa es ante todo un misterio, que ha de ser contemplado y acogido con un corazón lleno de reconocimiento y con una limpia mirada de fe. La comunión es un don ofrecido, que exige al mismo tiempo una respuesta, un paciente entrenamiento y una lucha para superar la simple espontaneidad y la volubilidad de los deseos. El ideal comunitario implica necesariamente la conversión de toda actitud que obstaculice la comunión. La comunión nace precisamente de la comunicación de los bienes del Espíritu, una comunicación de la fe y en la fe, donde el vínculo de la fraternidad se hace tanto más fuerte cuanto más central y vital es lo que se pone en común
MONJAS DOMINICAS
Vida fraterna Lo primero para lo que estamos congregadas es para vivir unánimes en casa teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios. Y esta unidad alcanza su plenitud más allá de los límites del Monasterio, en comunión con la orden y con toda la Iglesia. Nuestra vida enraizada en el amor de Dios debe ser testimonio de reconciliación universal en Cristo. Toda auténtica comunidad cristiana, es en sí misma una realidad teologal, de ahí que la comunidad religiosa es ante todo un misterio, que ha de ser contemplado y acogido con un corazón lleno de reconocimiento y con una limpia mirada de fe. La comunión es un don ofrecido, que exige al mismo tiempo una respuesta, un paciente entrenamiento y una lucha para superar la simple espontaneidad y la volubilidad de los deseos. El ideal comunitario implica necesariamente la conversión de toda actitud que obstaculice la comunión. La comunión nace precisamente de la comunicación de los bienes del Espíritu, una comunicación de la fe y en la fe, donde el vínculo de la fraternidad se hace tanto más fuerte cuanto más central y vital es lo que se pone en común
MONJAS DOMINICAS
Vida fraterna Lo primero para lo que estamos congregadas es para vivir unánimes en casa teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios. Y esta unidad alcanza su plenitud más allá de los límites del Monasterio, en comunión con la orden y con toda la Iglesia. Nuestra vida enraizada en el amor de Dios debe ser testimonio de reconciliación universal en Cristo. Toda auténtica comunidad cristiana, es en sí misma una realidad teologal, de ahí que la comunidad religiosa es ante todo un misterio, que ha de ser contemplado y acogido con un corazón lleno de reconocimiento y con una limpia mirada de fe. La comunión es un don ofrecido, que exige al mismo tiempo una respuesta, un paciente entrenamiento y una lucha para superar la simple espontaneidad y la volubilidad de los deseos. El ideal comunitario implica necesariamente la conversión de toda actitud que obstaculice la comunión. La comunión nace precisamente de la comunicación de los bienes del Espíritu, una comunicación de la fe y en la fe, donde el vínculo de la fraternidad se hace tanto más fuerte cuanto más central y vital es lo que se pone en común
MONJAS DOMINICAS
Vida fraterna Lo primero para lo que estamos congregadas es para vivir unánimes en casa teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios. Y esta unidad alcanza su plenitud más allá de los límites del Monasterio, en comunión con la orden y con toda la Iglesia. Nuestra vida enraizada en el amor de Dios debe ser testimonio de reconciliación universal en Cristo. Toda auténtica comunidad cristiana, es en sí misma una realidad teologal, de ahí que la comunidad religiosa es ante todo un misterio, que ha de ser contemplado y acogido con un corazón lleno de reconocimiento y con una limpia mirada de fe. La comunión es un don ofrecido, que exige al mismo tiempo una respuesta, un paciente entrenamiento y una lucha para superar la simple espontaneidad y la volubilidad de los deseos. El ideal comunitario implica necesariamente la conversión de toda actitud que obstaculice la comunión. La comunión nace precisamente de la comunicación de los bienes del Espíritu, una comunicación de la fe y en la fe, donde el vínculo de la fraternidad se hace tanto más fuerte cuanto más central y vital es lo que se pone en común
MONJAS DOMINICAS
Vida fraterna Lo primero para lo que estamos congregadas es para vivir unánimes en casa teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios. Y esta unidad alcanza su plenitud más allá de los límites del Monasterio, en comunión con la orden y con toda la Iglesia. Nuestra vida enraizada en el amor de Dios debe ser testimonio de reconciliación universal en Cristo. Toda auténtica comunidad cristiana, es en sí misma una realidad teologal, de ahí que la comunidad religiosa es ante todo un misterio, que ha de ser contemplado y acogido con un corazón lleno de reconocimiento y con una limpia mirada de fe. La comunión es un don ofrecido, que exige al mismo tiempo una respuesta, un paciente entrenamiento y una lucha para superar la simple espontaneidad y la volubilidad de los deseos. El ideal comunitario implica necesariamente la conversión de toda actitud que obstaculice la comunión. La comunión nace precisamente de la comunicación de los bienes del Espíritu, una comunicación de la fe y en la fe, donde el vínculo de la fraternidad se hace tanto más fuerte cuanto más central y vital es lo que se pone en común
MONJAS DOMINICAS