Entrar en un Monasterio Dominicano es el comienzo de una gran aventura, que conduce, si somos fieles, al corazón mismo de Dios. Se trata de un itinerario progresivo de asimilación de los sentimientos de Cristo. Tal camino dura toda la vida y compromete a toda la persona, corazón, mente y fuerzas para ser semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Es un camino de seguimiento de Cristo en el modo de vida que Santo Domingo estableció para las monjas que viven en el corazón de la santa predicación. A través de la comunidad, que es una escuela de caridad cuyo centro es Cristo; por medio del silencio y la soledad, el estudio de la verdad; el escudriñar la Escritura con corazón ardiente y en permanecer en la oración con María la Madre de Jesús, se va formando el corazón en la vida contemplativa. Aprendiendo a “pensar con la Iglesia” y a estar atentas a la presencia de Dios, brota en el corazón el deseo de que “todos los hombres sean salvados y lleguen al conocimiento de Jesucristo, nuestro Salvador”
Comienzo del camino: Es la primera etapa, en la que la joven siente en su interior la voz de Dios que la llama, pero no se tiene claro ni cómo ni dónde. Hay que hacer un camino de discernimiento en el que es importantes la oración, la frecuencia en la participación en la Eucaristía, la lectura y meditación personal de la Palabra de Dios, como así el acompañamiento de quien pueda orientar. En esta etapa se conoce a la comunidad y comienza un camino de discernimiento a fin de responder a Dios. Para esto, es acompañada por una de las hermanas y frecuenta el monasterio donde comparte la oración y recibe la orientación necesaria. Esta etapa dura lo que la persona necesite y concluye con una experiencia dentro de la clausura, viviendo con las hermanas de 1 a 3 meses. Terminada la cual se regresa a la familia para desde allí responder a Dios. La edad para comenzar este camino es entre 18 a 30 años.
 Postulantado: “Dejando todo, lo siguieron…” La postulante, como los discípulos, deja todo y sigue al Señor y se inicia en la vida contemplativa. Experimenta día a día, lo que será su vida para siempre. Dura esta etapa uno o dos años. Dentro de la clausura participa de la vida de la comunidad de una manera progresiva y a la vez comienza su formación para ir comprendiendo de corazón y en la práctica que es ser una monja dominica. La participación en la oración, la fraternidad, el estudio y el trabajo le va dando elementos para discernir la voluntad de Dios y la comunidad la va conociendo para confirmar si tiene las aptitudes necesarias para esta vida. Concluido el Postulantado, comienza el noviciado.
Noviciado: La postulante viste el Hábito Dominicano y pasa a vivir en el noviciado, donde durante 2 años, bajo la guía de la Maestra de novicias se formará para su consagración. Este tiempo es muy importante, ya que en el mismo es acompañada en su proceso vocacional a través de la atención personal, de clases y todo esto para que conozca más profundamente la vocación divina y dominicana, experimente el estilo de vida de la Orden y se informe en la mente y en el corazón del espíritu dominicano. Es ella misma la primera responsable en abrirse a la acción del Espíritu Santo para disponerse a la consagración a Dios. “Llevamos un tesoro en vasijas de barro” el tesoro de la vocación al que hay que responder día a día en el gozo de entregarnos enteramente a seguir a Jesucristo como discípulos. Al final de los 2 años se realiza la primera profesión o profesión temporal, los votos de obediencia, castidad y pobreza por 3 años.
Profesión temporal: Durante esta etapa los primeros 3 años se formándose en todo lo que se refiere a la vida contemplativa dominicana, como así en la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, teología, etc. Ahora la preparación es en vistas a una consagración definitiva. Terminados los 3 años se integra a la comunidad definitivamente, y al menos debe pasar un año antes de hacer su profesión solemne, que es el momento de dar el sí hasta la muerte, es decir hasta el fin entregar la propia vida a Dios. Todos los pasos dados durante la etapa de formación es un caminar hacia la entrega definitiva a Dios y de permanencia en la comunidad, dando lo mejor de sí en el servicio y el amor fraterno, en el silencio y la soledad, en el diálogo y la escucha de la Palabra, con el gozo de un corazón que se sabe consagrado para Dios en bien de todos los hombres.
Profesión Solemne Es muy importante que toda persona consagrada sea formada en la libertad de aprender durante toda la vida, en toda edad y en todo momento, en todo ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura, para dejarse instruir por cualquier parte de verdad y belleza que encuentra junto a sí. Pero, sobre todo, deberá aprender a dejarse formar por la vida de cada día, por su propia comunidad y por sus hermanos y hermanas, por las cosas de siempre, ordinarias y extraordinarias, por la oración y por el cansancio, en la alegría y en el sufrimiento, hasta el momento de la muerte

 

MONJAS DOMINICAS

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Monasterio "La Inmaculada del Valle" -Monjas Dominicas- Bartolomé de Castro 890  (Camino viejo a Dique Jumeal) 4700 - Catamarca - Argentina caminamosencristo@gmail.com  Celular: 0054 9 383 440-3251

FORMULARIO PARA PEDIR ORACIONES

 Entrar en un Monasterio Dominicano es el comienzo de una gran aventura, que conduce, si somos fieles, al corazón mismo de Dios. Se trata de un itinerario progresivo de asimilación de los sentimientos de Cristo. Tal camino dura toda la vida y compromete a toda la persona, corazón, mente y fuerzas para ser semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Es un camino de seguimiento de Cristo en el modo de vida que Santo Domingo estableció para las monjas que viven en el corazón de la santa predicación. A través de la comunidad, que es una escuela de caridad cuyo centro es Cristo; por medio del silencio y la soledad, el estudio de la verdad; el escudriñar la Escritura con corazón ardiente y en permanecer en la oración con María la Madre de Jesús, se va formando el corazón en la vida contemplativa. Aprendiendo a “pensar con la Iglesia” y a estar atentas a la presencia de Dios, brota en el corazón el deseo de que “todos los hombres sean salvados y lleguen al conocimiento de Jesucristo, nuestro Salvador”
Comienzo del camino: Es la primera etapa, en la que la joven siente en su interior la voz de Dios que la llama, pero no se tiene claro ni cómo ni dónde. Hay que hacer un camino de discernimiento en el que es importantes la oración, la frecuencia en la participación en la Eucaristía, la lectura y meditación personal de la Palabra de Dios, como así el acompañamiento de quien pueda orientar. En esta etapa se conoce a la comunidad y comienza un camino de discernimiento a fin de responder a Dios. Para esto, es acompañada por una de las hermanas y frecuenta el monasterio donde comparte la oración y recibe la orientación necesaria. Esta etapa dura lo que la persona necesite y concluye con una experiencia dentro de la clausura, viviendo con las hermanas de 1 a 3 meses. Terminada la cual se regresa a la familia para desde allí responder a Dios. La edad para comenzar este camino es entre 18 a 30 años.
 Postulantado: “Dejando todo, lo siguieron…” La postulante, como los discípulos, deja todo y sigue al Señor y se inicia en la vida contemplativa. Experimenta día a día, lo que será su vida para siempre. Dura esta etapa uno o dos años. Dentro de la clausura participa de la vida de la comunidad de una manera progresiva y a la vez comienza su formación para ir comprendiendo de corazón y en la práctica que es ser una monja dominica. La participación en la oración, la fraternidad, el estudio y el trabajo le va dando elementos para discernir la voluntad de Dios y la comunidad la va conociendo para confirmar si tiene las aptitudes necesarias para esta vida. Concluido el Postulantado, comienza el noviciado.
Noviciado: La postulante viste el Hábito Dominicano y pasa a vivir en el noviciado, donde durante 2 años, bajo la guía de la Maestra de novicias se formará para su consagración. Este tiempo es muy importante, ya que en el mismo es acompañada en su proceso vocacional a través de la atención personal, de clases y todo esto para que conozca más profundamente la vocación divina y dominicana, experimente el estilo de vida de la Orden y se informe en la mente y en el corazón del espíritu dominicano. Es ella misma la primera responsable en abrirse a la acción del Espíritu Santo para disponerse a la consagración a Dios. “Llevamos un tesoro en vasijas de barro” el tesoro de la vocación al que hay que responder día a día en el gozo de entregarnos enteramente a seguir a Jesucristo como discípulos. Al final de los 2 años se realiza la primera profesión o profesión temporal, los votos de obediencia, castidad y pobreza por 3 años.
Profesión temporal: Durante esta etapa los primeros 3 años se formándose en todo lo que se refiere a la vida contemplativa dominicana, como así en la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, teología, etc. Ahora la preparación es en vistas a una consagración definitiva. Terminados los 3 años se integra a la comunidad definitivamente, y al menos debe pasar un año antes de hacer su profesión solemne, que es el momento de dar el sí hasta la muerte, es decir hasta el fin entregar la propia vida a Dios. Todos los pasos dados durante la etapa de formación es un caminar hacia la entrega definitiva a Dios y de permanencia en la comunidad, dando lo mejor de sí en el servicio y el amor fraterno, en el silencio y la soledad, en el diálogo y la escucha de la Palabra, con el gozo de un corazón que se sabe consagrado para Dios en bien de todos los hombres.
Profesión Solemne Es muy importante que toda persona consagrada sea formada en la libertad de aprender durante toda la vida, en toda edad y en todo momento, en todo ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura, para dejarse instruir por cualquier parte de verdad y belleza que encuentra junto a sí. Pero, sobre todo, deberá aprender a dejarse formar por la vida de cada día, por su propia comunidad y por sus hermanos y hermanas, por las cosas de siempre, ordinarias y extraordinarias, por la oración y por el cansancio, en la alegría y en el sufrimiento, hasta el momento de la muerte
Junto a Ti, buscaré otro mar...
 Entrar en un Monasterio Dominicano es el comienzo de una gran aventura, que conduce, si somos fieles, al corazón mismo de Dios. Se trata de un itinerario progresivo de asimilación de los sentimientos de Cristo. Tal camino dura toda la vida y compromete a toda la persona, corazón, mente y fuerzas para ser semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Es un camino de seguimiento de Cristo en el modo de vida que Santo Domingo estableció para las monjas que viven en el corazón de la santa predicación. A través de la comunidad, que es una escuela de caridad cuyo centro es Cristo; por medio del silencio y la soledad, el estudio de la verdad; el escudriñar la Escritura con corazón ardiente y en permanecer en la oración con María la Madre de Jesús, se va formando el corazón en la vida contemplativa. Aprendiendo a “pensar con la Iglesia” y a estar atentas a la presencia de Dios, brota en el corazón el deseo de que “todos los hombres sean salvados y lleguen al conocimiento de Jesucristo, nuestro Salvador”
Comienzo del camino: Es la primera etapa, en la que la joven siente en su interior la voz de Dios que la llama, pero no se tiene claro ni cómo ni dónde. Hay que hacer un camino de discernimiento en el que es importantes la oración, la frecuencia en la participación en la Eucaristía, la lectura y meditación personal de la Palabra de Dios, como así el acompañamiento de quien pueda orientar. En esta etapa se conoce a la comunidad y comienza un camino de discernimiento a fin de responder a Dios. Para esto, es acompañada por una de las hermanas y frecuenta el monasterio donde comparte la oración y recibe la orientación necesaria. Esta etapa dura lo que la persona necesite y concluye con una experiencia dentro de la clausura, viviendo con las hermanas de 1 a 3 meses. Terminada la cual se regresa a la familia para desde allí responder a Dios. La edad para comenzar este camino es entre 18 a 30 años.
 Postulantado: “Dejando todo, lo siguieron…” La postulante, como los discípulos, deja todo y sigue al Señor y se inicia en la vida contemplativa. Experimenta día a día, lo que será su vida para siempre. Dura esta etapa uno o dos años. Dentro de la clausura participa de la vida de la comunidad de una manera progresiva y a la vez comienza su formación para ir comprendiendo de corazón y en la práctica que es ser una monja dominica. La participación en la oración, la fraternidad, el estudio y el trabajo le va dando elementos para discernir la voluntad de Dios y la comunidad la va conociendo para confirmar si tiene las aptitudes necesarias para esta vida. Concluido el Postulantado, comienza el noviciado.
Noviciado: La postulante viste el Hábito Dominicano y pasa a vivir en el noviciado, donde durante 2 años, bajo la guía de la Maestra de novicias se formará para su consagración. Este tiempo es muy importante, ya que en el mismo es acompañada en su proceso vocacional a través de la atención personal, de clases y todo esto para que conozca más profundamente la vocación divina y dominicana, experimente el estilo de vida de la Orden y se informe en la mente y en el corazón del espíritu dominicano. Es ella misma la primera responsable en abrirse a la acción del Espíritu Santo para disponerse a la consagración a Dios. “Llevamos un tesoro en vasijas de barro” el tesoro de la vocación al que hay que responder día a día en el gozo de entregarnos enteramente a seguir a Jesucristo como discípulos. Al final de los 2 años se realiza la primera profesión o profesión temporal, los votos de obediencia, castidad y pobreza por 3 años.
Profesión temporal: Durante esta etapa los primeros 3 años se formándose en todo lo que se refiere a la vida contemplativa dominicana, como así en la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, teología, etc. Ahora la preparación es en vistas a una consagración definitiva. Terminados los 3 años se integra a la comunidad definitivamente, y al menos debe pasar un año antes de hacer su profesión solemne, que es el momento de dar el sí hasta la muerte, es decir hasta el fin entregar la propia vida a Dios. Todos los pasos dados durante la etapa de formación es un caminar hacia la entrega definitiva a Dios y de permanencia en la comunidad, dando lo mejor de sí en el servicio y el amor fraterno, en el silencio y la soledad, en el diálogo y la escucha de la Palabra, con el gozo de un corazón que se sabe consagrado para Dios en bien de todos los hombres.
Profesión Solemne Es muy importante que toda persona consagrada sea formada en la libertad de aprender durante toda la vida, en toda edad y en todo momento, en todo ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura, para dejarse instruir por cualquier parte de verdad y belleza que encuentra junto a sí. Pero, sobre todo, deberá aprender a dejarse formar por la vida de cada día, por su propia comunidad y por sus hermanos y hermanas, por las cosas de siempre, ordinarias y extraordinarias, por la oración y por el cansancio, en la alegría y en el sufrimiento, hasta el momento de la muerte
MONJAS DOMINICAS
 Entrar en un Monasterio Dominicano es el comienzo de una gran aventura, que conduce, si somos fieles, al corazón mismo de Dios. Se trata de un itinerario progresivo de asimilación de los sentimientos de Cristo. Tal camino dura toda la vida y compromete a toda la persona, corazón, mente y fuerzas para ser semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Es un camino de seguimiento de Cristo en el modo de vida que Santo Domingo estableció para las monjas que viven en el corazón de la santa predicación. A través de la comunidad, que es una escuela de caridad cuyo centro es Cristo; por medio del silencio y la soledad, el estudio de la verdad; el escudriñar la Escritura con corazón ardiente y en permanecer en la oración con María la Madre de Jesús, se va formando el corazón en la vida contemplativa. Aprendiendo a “pensar con la Iglesia” y a estar atentas a la presencia de Dios, brota en el corazón el deseo de que “todos los hombres sean salvados y lleguen al conocimiento de Jesucristo, nuestro Salvador”
Comienzo del camino: Es la primera etapa, en la que la joven siente en su interior la voz de Dios que la llama, pero no se tiene claro ni cómo ni dónde. Hay que hacer un camino de discernimiento en el que es importantes la oración, la frecuencia en la participación en la Eucaristía, la lectura y meditación personal de la Palabra de Dios, como así el acompañamiento de quien pueda orientar. En esta etapa se conoce a la comunidad y comienza un camino de discernimiento a fin de responder a Dios. Para esto, es acompañada por una de las hermanas y frecuenta el monasterio donde comparte la oración y recibe la orientación necesaria. Esta etapa dura lo que la persona necesite y concluye con una experiencia dentro de la clausura, viviendo con las hermanas de 1 a 3 meses. Terminada la cual se regresa a la familia para desde allí responder a Dios. La edad para comenzar este camino es entre 18 a 30 años.
 Postulantado: “Dejando todo, lo siguieron…” La postulante, como los discípulos, deja todo y sigue al Señor y se inicia en la vida contemplativa. Experimenta día a día, lo que será su vida para siempre. Dura esta etapa uno o dos años. Dentro de la clausura participa de la vida de la comunidad de una manera progresiva y a la vez comienza su formación para ir comprendiendo de corazón y en la práctica que es ser una monja dominica. La participación en la oración, la fraternidad, el estudio y el trabajo le va dando elementos para discernir la voluntad de Dios y la comunidad la va conociendo para confirmar si tiene las aptitudes necesarias para esta vida. Concluido el Postulantado, comienza el noviciado.
Noviciado: La postulante viste el Hábito Dominicano y pasa a vivir en el noviciado, donde durante 2 años, bajo la guía de la Maestra de novicias se formará para su consagración. Este tiempo es muy importante, ya que en el mismo es acompañada en su proceso vocacional a través de la atención personal, de clases y todo esto para que conozca más profundamente la vocación divina y dominicana, experimente el estilo de vida de la Orden y se informe en la mente y en el corazón del espíritu dominicano. Es ella misma la primera responsable en abrirse a la acción del Espíritu Santo para disponerse a la consagración a Dios. “Llevamos un tesoro en vasijas de barro” el tesoro de la vocación al que hay que responder día a día en el gozo de entregarnos enteramente a seguir a Jesucristo como discípulos. Al final de los 2 años se realiza la primera profesión o profesión temporal, los votos de obediencia, castidad y pobreza por 3 años.
Profesión temporal: Durante esta etapa los primeros 3 años se formándose en todo lo que se refiere a la vida contemplativa dominicana, como así en la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, teología, etc. Ahora la preparación es en vistas a una consagración definitiva. Terminados los 3 años se integra a la comunidad definitivamente, y al menos debe pasar un año antes de hacer su profesión solemne, que es el momento de dar el sí hasta la muerte, es decir hasta el fin entregar la propia vida a Dios. Todos los pasos dados durante la etapa de formación es un caminar hacia la entrega definitiva a Dios y de permanencia en la comunidad, dando lo mejor de sí en el servicio y el amor fraterno, en el silencio y la soledad, en el diálogo y la escucha de la Palabra, con el gozo de un corazón que se sabe consagrado para Dios en bien de todos los hombres.
Profesión Solemne Es muy importante que toda persona consagrada sea formada en la libertad de aprender durante toda la vida, en toda edad y en todo momento, en todo ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura, para dejarse instruir por cualquier parte de verdad y belleza que encuentra junto a sí. Pero, sobre todo, deberá aprender a dejarse formar por la vida de cada día, por su propia comunidad y por sus hermanos y hermanas, por las cosas de siempre, ordinarias y extraordinarias, por la oración y por el cansancio, en la alegría y en el sufrimiento, hasta el momento de la muerte
Junto a Ti, buscaré otro mar...
MONJAS DOMINICAS
 Entrar en un Monasterio Dominicano es el comienzo de una gran aventura, que conduce, si somos fieles, al corazón mismo de Dios. Se trata de un itinerario progresivo de asimilación de los sentimientos de Cristo. Tal camino dura toda la vida y compromete a toda la persona, corazón, mente y fuerzas para ser semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Es un camino de seguimiento de Cristo en el modo de vida que Santo Domingo estableció para las monjas que viven en el corazón de la santa predicación. A través de la comunidad, que es una escuela de caridad cuyo centro es Cristo; por medio del silencio y la soledad, el estudio de la verdad; el escudriñar la Escritura con corazón ardiente y en permanecer en la oración con María la Madre de Jesús, se va formando el corazón en la vida contemplativa. Aprendiendo a “pensar con la Iglesia” y a estar atentas a la presencia de Dios, brota en el corazón el deseo de que “todos los hombres sean salvados y lleguen al conocimiento de Jesucristo, nuestro Salvador”
Comienzo del camino: Es la primera etapa, en la que la joven siente en su interior la voz de Dios que la llama, pero no se tiene claro ni cómo ni dónde. Hay que hacer un camino de discernimiento en el que es importantes la oración, la frecuencia en la participación en la Eucaristía, la lectura y meditación personal de la Palabra de Dios, como así el acompañamiento de quien pueda orientar. En esta etapa se conoce a la comunidad y comienza un camino de discernimiento a fin de responder a Dios. Para esto, es acompañada por una de las hermanas y frecuenta el monasterio donde comparte la oración y recibe la orientación necesaria. Esta etapa dura lo que la persona necesite y concluye con una experiencia dentro de la clausura, viviendo con las hermanas de 1 a 3 meses. Terminada la cual se regresa a la familia para desde allí responder a Dios. La edad para comenzar este camino es entre 18 a 30 años.
 Postulantado: “Dejando todo, lo siguieron…” La postulante, como los discípulos, deja todo y sigue al Señor y se inicia en la vida contemplativa. Experimenta día a día, lo que será su vida para siempre. Dura esta etapa uno o dos años. Dentro de la clausura participa de la vida de la comunidad de una manera progresiva y a la vez comienza su formación para ir comprendiendo de corazón y en la práctica que es ser una monja dominica. La participación en la oración, la fraternidad, el estudio y el trabajo le va dando elementos para discernir la voluntad de Dios y la comunidad la va conociendo para confirmar si tiene las aptitudes necesarias para esta vida. Concluido el Postulantado, comienza el noviciado.
Noviciado: La postulante viste el Hábito Dominicano y pasa a vivir en el noviciado, donde durante 2 años, bajo la guía de la Maestra de novicias se formará para su consagración. Este tiempo es muy importante, ya que en el mismo es acompañada en su proceso vocacional a través de la atención personal, de clases y todo esto para que conozca más profundamente la vocación divina y dominicana, experimente el estilo de vida de la Orden y se informe en la mente y en el corazón del espíritu dominicano. Es ella misma la primera responsable en abrirse a la acción del Espíritu Santo para disponerse a la consagración a Dios. “Llevamos un tesoro en vasijas de barro” el tesoro de la vocación al que hay que responder día a día en el gozo de entregarnos enteramente a seguir a Jesucristo como discípulos. Al final de los 2 años se realiza la primera profesión o profesión temporal, los votos de obediencia, castidad y pobreza por 3 años.
Profesión temporal: Durante esta etapa los primeros 3 años se formándose en todo lo que se refiere a la vida contemplativa dominicana, como así en la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, teología, etc. Ahora la preparación es en vistas a una consagración definitiva. Terminados los 3 años se integra a la comunidad definitivamente, y al menos debe pasar un año antes de hacer su profesión solemne, que es el momento de dar el sí hasta la muerte, es decir hasta el fin entregar la propia vida a Dios. Todos los pasos dados durante la etapa de formación es un caminar hacia la entrega definitiva a Dios y de permanencia en la comunidad, dando lo mejor de sí en el servicio y el amor fraterno, en el silencio y la soledad, en el diálogo y la escucha de la Palabra, con el gozo de un corazón que se sabe consagrado para Dios en bien de todos los hombres.
Profesión Solemne Es muy importante que toda persona consagrada sea formada en la libertad de aprender durante toda la vida, en toda edad y en todo momento, en todo ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura, para dejarse instruir por cualquier parte de verdad y belleza que encuentra junto a sí. Pero, sobre todo, deberá aprender a dejarse formar por la vida de cada día, por su propia comunidad y por sus hermanos y hermanas, por las cosas de siempre, ordinarias y extraordinarias, por la oración y por el cansancio, en la alegría y en el sufrimiento, hasta el momento de la muerte
Junto a Ti, buscaré otro mar...
MONJAS DOMINICAS
 Entrar en un Monasterio Dominicano es el comienzo de una gran aventura, que conduce, si somos fieles, al corazón mismo de Dios. Se trata de un itinerario progresivo de asimilación de los sentimientos de Cristo. Tal camino dura toda la vida y compromete a toda la persona, corazón, mente y fuerzas para ser semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Es un camino de seguimiento de Cristo en el modo de vida que Santo Domingo estableció para las monjas que viven en el corazón de la santa predicación. A través de la comunidad, que es una escuela de caridad cuyo centro es Cristo; por medio del silencio y la soledad, el estudio de la verdad; el escudriñar la Escritura con corazón ardiente y en permanecer en la oración con María la Madre de Jesús, se va formando el corazón en la vida contemplativa. Aprendiendo a “pensar con la Iglesia” y a estar atentas a la presencia de Dios, brota en el corazón el deseo de que “todos los hombres sean salvados y lleguen al conocimiento de Jesucristo, nuestro Salvador”
Comienzo del camino: Es la primera etapa, en la que la joven siente en su interior la voz de Dios que la llama, pero no se tiene claro ni cómo ni dónde. Hay que hacer un camino de discernimiento en el que es importantes la oración, la frecuencia en la participación en la Eucaristía, la lectura y meditación personal de la Palabra de Dios, como así el acompañamiento de quien pueda orientar. En esta etapa se conoce a la comunidad y comienza un camino de discernimiento a fin de responder a Dios. Para esto, es acompañada por una de las hermanas y frecuenta el monasterio donde comparte la oración y recibe la orientación necesaria. Esta etapa dura lo que la persona necesite y concluye con una experiencia dentro de la clausura, viviendo con las hermanas de 1 a 3 meses. Terminada la cual se regresa a la familia para desde allí responder a Dios. La edad para comenzar este camino es entre 18 a 30 años.
 Postulantado: “Dejando todo, lo siguieron…” La postulante, como los discípulos, deja todo y sigue al Señor y se inicia en la vida contemplativa. Experimenta día a día, lo que será su vida para siempre. Dura esta etapa uno o dos años. Dentro de la clausura participa de la vida de la comunidad de una manera progresiva y a la vez comienza su formación para ir comprendiendo de corazón y en la práctica que es ser una monja dominica. La participación en la oración, la fraternidad, el estudio y el trabajo le va dando elementos para discernir la voluntad de Dios y la comunidad la va conociendo para confirmar si tiene las aptitudes necesarias para esta vida. Concluido el Postulantado, comienza el noviciado.
Noviciado: La postulante viste el Hábito Dominicano y pasa a vivir en el noviciado, donde durante 2 años, bajo la guía de la Maestra de novicias se formará para su consagración. Este tiempo es muy importante, ya que en el mismo es acompañada en su proceso vocacional a través de la atención personal, de clases y todo esto para que conozca más profundamente la vocación divina y dominicana, experimente el estilo de vida de la Orden y se informe en la mente y en el corazón del espíritu dominicano. Es ella misma la primera responsable en abrirse a la acción del Espíritu Santo para disponerse a la consagración a Dios. “Llevamos un tesoro en vasijas de barro” el tesoro de la vocación al que hay que responder día a día en el gozo de entregarnos enteramente a seguir a Jesucristo como discípulos. Al final de los 2 años se realiza la primera profesión o profesión temporal, los votos de obediencia, castidad y pobreza por 3 años.
Profesión temporal: Durante esta etapa los primeros 3 años se formándose en todo lo que se refiere a la vida contemplativa dominicana, como así en la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, teología, etc. Ahora la preparación es en vistas a una consagración definitiva. Terminados los 3 años se integra a la comunidad definitivamente, y al menos debe pasar un año antes de hacer su profesión solemne, que es el momento de dar el sí hasta la muerte, es decir hasta el fin entregar la propia vida a Dios. Todos los pasos dados durante la etapa de formación es un caminar hacia la entrega definitiva a Dios y de permanencia en la comunidad, dando lo mejor de sí en el servicio y el amor fraterno, en el silencio y la soledad, en el diálogo y la escucha de la Palabra, con el gozo de un corazón que se sabe consagrado para Dios en bien de todos los hombres.
Profesión Solemne Es muy importante que toda persona consagrada sea formada en la libertad de aprender durante toda la vida, en toda edad y en todo momento, en todo ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura, para dejarse instruir por cualquier parte de verdad y belleza que encuentra junto a sí. Pero, sobre todo, deberá aprender a dejarse formar por la vida de cada día, por su propia comunidad y por sus hermanos y hermanas, por las cosas de siempre, ordinarias y extraordinarias, por la oración y por el cansancio, en la alegría y en el sufrimiento, hasta el momento de la muerte
Junto a Ti, buscaré otro mar...
MONJAS DOMINICAS